Homilias
Mensaje Navideño de S.E.R. Mons.
GEORGES M. SAAD ABI YOUNES A:
LAS COMUNIDADES MARONITAS DE MÉXICO DE CENTROAMÉRICA Y VENEZUELA.
Amados Hijos e Hijas de san Marón:
Navidad 2011

Dios nos permite vivir un “Nuevo año Litúrgico”, que inició hace dos meses con el “Adviento” como preparación en el arrepentimiento, la penitencia, la conversión y las obras de caridad, con el fin, de celebrar en la fe sólida y profunda, el Primer Gran Misterio de Jesucristo, el Señor: su Encarnación y Nacimiento.

Los 4 Evangelios nos revelan de manera distinta, según las comunidades a las que iban destinadas, este Gran Misterio.

La riqueza de los textos, sin embargo, presenta un común denominador: “Jesús es el Salvador y el Emmanuel (Dios con nosotros). (cf. Mt. 1, 21. 23.). Jesús es el que anuncia Juan, el Bautista y que bautizará en el Espíritu Santo (cf. Mc. 1, 8). Jesús es el Hijo de Dios, el Hijo del Altísimo, el Mesías, el Señor (cf. Lc. 1, 32. 2, 11). Jesús es la Palabra de Dios, la Luz Verdadera. La Palabra que se hizo carne y habitó entre nosotros. El Hijo Unigénito, que es Dios y que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer” (cf. Jn. 1, 9. 18.).
En estos pasajes encontramos 2 cosas: Jesús es: Verdadero Dios y Verdadero Hombre.

Así, la celebración del Nacimiento de Jesús, nos lleva a nuestras más profundas raíces, como Iglesia y como Nación; porque nuestra identidad eclesial encuentra su origen y esta cimentada en el Concilio de Calcedonia (456), donde el Papa León Magno aclaró y definió para siempre, la doble naturaleza de Jesús, “La Encarnación es, pues, el Misterio de la admirable unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única Persona del Verbo” (catecismo de la Iglesia Católica, p. 126. No 483).

Por esto, Jesús, el Hijo del Hombre, “recapituló en sí mismo, la larga historia de la humanidad procurándonos en su propia historia la salvación de todos, de suerte que, lo que perdimos en Adán, es decir, el ser imagen y semejanza de Dios, lo recuperáramos en Cristo-Jesús…..devolviendo así a todos los hombres a la comunión con Dios” (Ibid. P. 135, No 518).

Por esta razón, la vida del Niño Jesús debe ser nuestro modelo, porque Él siendo Dios, es, a la vez, el Hombre Perfecto, que nos invita ya desde el seno de María, su Madre; desde el pesebre que tuvo por cuna; desde el humilde trabajo de carpintero; desde su predicación, que nos desvela la voluntad del Padre; desde sus milagros y prodigios, que nos muestran su origen divino; desde su Pasión e ignominiosa Muerte; desde su Gloriosa Resurrección y Ascención al cielo; a ser habitados por Él, para dar verdadero sentido humano a nuestras vidas: alegría, luz, armonía, belleza, trascendencia e inmortalidad.

Por todo esto, queridos hijos e hijas de san Marón, Líbano, País de los Cedros, convertido en fortaleza de nuestra Iglesia y nación por la fe de nuestros antepasados Maronitas, celebra con gozo y gratitud, El nacimiento del Salvador.

Así, nuestra vida e identidad, depende de nuestra fe en Jesucristo, que se ha humillado por nosotros, al grado de tomar nuestra carne mortal, para que todos tengamos vida y la tengamos en abundancia.

En nosotros está, el que ese “Niño que nos ha nacido”, habite de verdad en nuestros corazones y en todo nuestro ser, para seguir siendo: “Luz del Mundo y Sal de la Tierra” (cf. Mt. 5, 13-14). En esta hora de la historia del mundo, que tanto necesita de la Buena Noticia de Salvación.

Según nuestra venerable tradición, queridos hijos Maronitas; tomemos la mano de María, nuestra Madre, para que Ella nos conduzca a su Divino Hijo; y con Él a la Gloria del Padre en la unidad indisoluble del Amor del Espíritu Santo por los siglos. Amén.

Con mi Paternal Bendición.
En la Solemnidad de la Natividad del Señor.

+ Mons. Georges M. Saad Abi Younes.                             25 de Dic. 2011
SOLEMENIDAD DE SANTA MARÍA DE GUADALUPE
Libro del Eclesiástico (Sirácide): 24, 23-31.
Carta de san Pablo a los gálatas: 4, 4-7.
Evangelio según san Lucas: 1, 39-48.

Amados Hermanos y Hermanas en Cristo-Jesús:

Con el “Hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1, 38) entró Jesús en el mundo como Verdadero Hombre, sin dejar de ser, Verdadero Dios. María no solo dio habitación al Hijo de Dios; María Madre de Dios acompañó a Jesús: con su fe, su servicio, su humildad, su silencio, su prudencia y solicitud; con su vida entera, porque, María, queridos hermanos, es Madre y todos sabemos lo que esto significa.

Pero, María es la Madre Perfecta, la elegida del Padre; a quien Jesús amó como Hombre y como Dios, pues, María estuvo presente en cada momento de la vida de Jesús; cuando Niño, proveyendo a todas sus necesidades; como Hombre, acompañando, sirviendo, escuchando con amor, ternura y delicadeza; viviendo cada instante de la Misión de su Divino Hijo: su predicación, sus milagros, su ejemplo, en una palabra, María vivió como Madre Perfecta, el Plan de Salvación de Dios; sintiendo como ninguna mujer, antes o después de Ella: el dolor, el sufrimiento y la entrega de la vida de su Jesús; a María, queridos hermanos, se le desgarró el corazón cuando vio a Jesús pendiendo de la cruz; pero, precisamente, ese corazón desgarrado y abierto de María, fue el que nos aceptó como hijos e hijas al pie de la cruz; por eso es llamada LA MADRE Y REINA DE LOS MÁRTIRES, porque vio a su Divino Hijo expirar, obedeciendo, perdonando y amando. María esperó junto a los Apóstoles la unción del Espíritu Santo en Pentecostés para dar calor maternal, ayuda, socorro, consuelo, protección y ejemplo a la naciente Iglesia. María fue la primera que se alegró con la resurrección de Jesús y no solo por ella, sino por sus nuevos hijos e hijas. María pasó largos años de soledad en  oración y contemplación ayudando como verdadera Madre, los primeros pasos de la Iglesia, después de la Ascención de Jesús al cielo.

Llegado el momento, Jesús llevó a su Bendita Madre en cuerpo y alma al cielo, para tenerla junto a Él y para que Ella nos condujera a Él. Por todo esto, María siempre ha sido considerada por la Santa Iglesia y la Tradición: LA CORREDENTORA DE LA HUMANIDAD.

Así María tiene, a lo largo de la historia, muchos nombres y muchos rostros, según sea el lugar y la necesidad de sus hijos. Por esta razón, el 12 de diciembre de 1531, Santa María “Madre del verdadero Dios por quien se vive”, se apareció al indio, Juan Diego, para pedir, se le construyera un templo en el Tepeyac, con el fin de atender toda necesidad de sus nuevos hijos e hijas de México y de toda América. Jesús condescendió por su amor y misericordia infinitos a que, Santa María su Madre, se quedara, para siempre, entre nosotros, estampada (no por mano humana) en el ayate de Juan Diego.

Hermanos, Santa María de Guadalupe ha sido, desde aquel, 12 de diciembre: la Madre amorosa y solícita, dispuesta a escucharnos, consolarnos y socorrernos; dispuesta a ser la estrella de la evangelización en América; dispuesta a ser signo de unidad y paz; de fe y caridad entre los pueblos de este continente; La Virgen Morena es, incluso, signo de nuestra identidad mestiza. Santa María de Guadalupe nos ha acompañado en cada momento de nuestra historia, para tomarnos de la mano y llevarnos a la presencia de Jesús, Salvador y Redentor nuestro: “el verdadero Dios por quien se vive”.

Y hermanos, recordemos, que no podemos invocar a Santa María de Guadalupe, si no estamos dispuestos a adorar a Jesús y a servirlo en nuestros hermanos.

Hoy México necesita, más que nunca: la paz, la justicia y el amor, que solo vienen de Jesús, el Hijo de Dios y de María. Invoquemos, pues, a la Madre de Dios y pidámosle con la confianza de verdaderos hijos: SANTA MARÍA DE GUADALUPE, RUEGA POR TU NACIÓN Y CONSERVA NUESTRA FE.

QUE ASÍ SEA.

+ Mons. Georges M. Saad Abi Younes. Obispo Maronita de México.

12 de diciembre 2011
DOMINGO DE LA REVELACIÓN A JOSÉ
Libro del profeta Isaías: 54, 1-5
Carta de san Pablo a los hebreos: 6, 13-19.
Evangelio según san Mateo: 1, 18-24.

Amados Hermanos y Hermanas en Cristo Jesús,
Hijos e Hijas de la Comunidad Maronita Libanesa de Puebla

La Liturgia Maronita nos va enseñando, paso a paso, durante este Adviento, a través de la reflexión de los textos sagrados, como prepararnos a vivir dignamente, el primer gran Misterio de la Salvación: LA ENCARNACIÓN Y EL NACIMIENTO DE JESÚS, EL HIJO DE DIOS.

Sabemos, desde el primer Domingo de Adviento, que debemos renovarnos como Iglesia-Asamblea de los creyentes, y con ello vivir el compromiso de nuestro bautismo, que es nuestra consagración como hijos de Dios, miembros de su Iglesia, templos vivos de su Espíritu Santo y herederos de su gloria.

Sabemos del Dios Todopoderoso, que ha hecho de Isabel, una mujer anciana y estéril, la madre de Juan el Bautista: heraldo y precursor del Señor; pasaje que nos ha servido para reflexionar, acerca de nuestra impotencia, que nada puede; y de la omnipotencia de Dios, que todo lo puede; para poner toda nuestra fe y esperanza en Dios y sus designios, siempre encaminados a la salvación del hombre y la mujer cCon la Anunciación a María, hemos conocido LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS en la Nueva Eva, que a diferencia de la primera, nos enseña el verdadero significado de una fe profunda; de una confianza sin límites; de la esperanza solo puesta en Dios; y del amor maternal de la criatura dispuesta a vivir la voluntad del Altísimo, sin excusas, ni pretextos.

Sabemos, también, por la Visita que María hace a Isabel, de que, la gracia de Dios debe compartirse con alegría y disponibilidad; es decir, el don de la fe, necesariamente, debe traducirse en obras.

El Nacimiento Milagroso de Juan el Bautista, nos invita de manera decisiva a preparar, a lo largo de nuestras vidas, el Camino del Señor, por medio, del arrepentimiento, la penitencia, la conversión y las obras de caridad, que nos permitirán ese Encuentro Personal con Jesús, el Salvador.

Hoy reflexionamos, el verdadero significado del hombre, a través de José, “el varón justo”, quien conociendo, antes de vivir juntos, la gravidez de su esposa, María, no se escandaliza, ni se rasga las vestiduras, no acusa, ni castiga, no grita, ni se auto-compadece; ¡NO! José se porta como un hombre que ama y no quiere poner en evidencia a su Amada, por lo que planea, “separarse de Ella en secreto”. Dios revela a José, el varón justo, su designio, le ofrece a José, la explicación que anhela; y José, hermanos, escucha, se alegra con la noticia que Dios le revela en sueños; y sin más explicaciones, José acepta a María como esposa, en la certeza de que ha sido elegido para algo grande, trascendente y hermoso.

José y María, tal vez, no comprendieran del todo, el prodigio que se les había concedido, pero son obedientes a la voluntad de Dios, viven de su fe y por su obediencia, serán recompensados por Jesús: Verdadero Dios y Verdadero Hombre; Hijo de Dios y de María; Hijo en este mundo de José, el varón justo, de la Casa de David según las profecías.

Hermanos y hermanas, querida Comunidad Maronita Libanesa de Puebla, cada uno de los domingos de este Adviento, nos debe mover a un examen profundo de conciencia, que La Palabra de Dios, nos lleve a reflexionar a la luz de su amor, y con la ayuda del Espíritu Santo, sobre: la sinceridad y profundidad de nuestra fe y de nuestra esperanza en Jesucristo, Mesías, Salvador y Redentor, para meditar con sinceridad como hemos amado a nuestros: familiares, amigos, conocidos, enemigos, compañeros de trabajo y de escuela, en fin, al prójimo; y sí de verdad les hemos servido según ese amor.

Esta es nuestra preparación al Gran Misterio de la Natividad del Señor.

!Alejémonos, pues, del consumismo, la frivolidad, los excesos, la inmoralidad y vivamos LA NAVIDAD, como lo que realmente es: EL ANUNCIO FELIZ DE NUESTRA SALVACIÓN.

Pidamos a san José, el varón justo, que interceda ente Jesús, para que cada hombre, cada varón en esta tierra: respete, procure, provea, proteja, acompañe y ame de verdad a la mujer, ya sea: madre, esposa, hermana, amiga, compañera, conocida; y defienda siempre, como José, el varón justo: su integridad, sentimientos, afectos, su buena fama y vocación, porque en esto reside el verdadero significado de “ser hombre”; como José de la Casa de David; Padre de Jesús en la tierra; y Varón Justo.

QUE ASÍ SEA.
+Mons. Georges M. Saad Abi Younes.